viernes, 21 febrero 2020, 09:03
Lunes, 25 Noviembre 2019 05:26

En toda Cuba, homenaje a Fidel (+ Multimedia)

Escrito por  PL
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Cuba rinde hoy tributo al líder histórico de la Revolución, Fidel Castro (1926-2016) con múltiples homenajes dedicados a recordar su legado al cumplirse el tercer aniversario de su desaparición física.


A tres años de su partida hacia la inmortalidad Fidel vive en el cariño de su pueblo y en la admiración de los hombres de bien de todo el mundo, según destaca la prensa nacional en diversos artículos en ocasión de la efemérides.


El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en su cuenta de la red social Twitter escribió: '¿Cómo recordar a Fidel? Asumiendo como propio su legado, enfrentando con valor y firmeza al imperialismo, trabajando y pensando por y para el pueblo, luchando porque un mundo mejor sea posible'.


En la red de redes el usuario @JuanPabl29 manifestó: 'en estos días más que nunca tengo en la mente y en el corazón la imagen de mi Comandante Fidel Castro, su ejemplo es el que me impulsa cada vez más a ser un mejor hombre y un mejor revolucionario'.


'Fidel tu pueblo nunca olvidará tus enseñanzas, tu pensamiento revolucionario, tus ideas inmortales, la necesidad de no claudicar cuando se lucha por una causa justa', dijo el usuario @CarlosB26041985.

Por su parte el vicerrector de Extensión Universitaria del Instituto Superior de Relaciones Internacionales y Héroe de la República de Cuba, Gerardo Hernández, reiteró la convocatoria a un Twittazo como parte del tributo al líder revolucionario con las etiquetas YoSoyFidel, PorSiempreFidel, HastaSiempreComandante.


En la escalinata de la Universidad de La Habana la Federación Estudiantil Universitaria, la Unión de Jóvenes Comunistas y pueblo en general participarán en una velada político?cultural para recordar al Comandante en Jefe.


VER MULTIMEDIA: Fidel Castro 1926-2016


La realidad cotidiana da prueba del cariño hacia 'el Jefe' como lo llamaban muchos, cuando cientos de personas acuden cada día hasta el cementerio patrimonial Santa Ifigenia para, ante la enorme roca con forma de grano de maíz, ratificarle que sigue siendo un faro.


Según datos aportados por la dirección de la necrópolis, durante estos casi tres años más de un millón 800 mil personas acudieron a Santa Ifigenia para expresar de las más disímiles maneras su respeto y admiración por el líder de la Revolución Cubana.


Vienen solos o en grupos, en visitas promovidas por centros de trabajo y de estudio o por la familia, reseña el diario Juventud Rebelde.


Llegan y pasan, sin preocuparse por si hay llovizna o si el sol es inclemente. Entre ellos hay científicos, agricultores, militares, artistas; abuelos y niños.


Precisan los registros de Santa Ifigenia que visitaron el lugar donde reposa Fidel Castro unos 270 mil extranjeros provenientes de más de 80 países, de todos los continentes.

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Comentarios  

 
#1 juan Carlos Subiaut 25-11-2019 12:20
Hace tres años despedimos al Comandanrte. Tuve, en esos momentos, el honor de participar en el acompañamiento a la Caravana. Redito aquí mis impresiones personales surgidas en el calor de aquel luctuoso momento y que después, llevadas al papel, he enviado y han sido publicadas como comentarios a otros tantos artículos que han abordado esta temática.

Crónica de mi: ¡Hasta Siempre!
Estamos desplegados a lo largo de la carretera que une al poblado de Coliseo con Cárdenas. Algunos están siguiendo por sus celulares las noticias del paso de la caravana y las nuevas se repiten de boca en boca. Nos tiramos unos a otros fotos con la bandera o sosteniendo una de sus imágenes más conocidas, la misma que ha presidido los múltiples lugares habilitados desde días antes para que reafirmemos nuestro compromiso, la que lo muestra de pie sobre la montaña, fusil y mochila al hombro, victorioso. Todos estamos expectantes. Será la última vez de tenerlo cerca, tener el honor de vivir este momento, del paso de la Historia frente a nosotros. Alguien divisa al helicóptero que precede y acompaña por aire al cortejo. Todos lo vemos. Retrocedo mentalmente casi medio siglo en el tiempo…
Unos niños del barrio juegan conmigo a las bolas. Nos disputamos las esferas de vidrio en cada juego, probando suerte y puntería. Un ruido a lo lejos en el cielo nos interrumpe. Es un helicóptero. No sabemos ni siquiera su rumbo ni que tripulantes alberga en su vuelo, sin embargo, como siempre, hacemos lo mismo: Dejamos a un lado los juegos y nos ponemos a saludar al helicóptero y vocear lo más alto que pueden nuestras voces infantiles: - ¡Fidel!, ¡Fidel!, ¡Adiós, Fidel!
El helicóptero describe un semicírculo y después retrocede, casi paralelo a la carretera, sobre nuestras cabezas, rumbo a Coliseo. Pasa una patrulla indicando bajar a la cuneta de la carretera. La gente se ordena en una línea que serpentea a ambos lados del camino. Nadie quiere estar en segunda fila. Preparan sus móviles para grabar el momento. Para ellos. Para los que no pudieron venir o tuvieron que quedarse asegurando las tareas en sus puestos. Para sus hijos. Para el futuro.
El niño que fui yo crece. Ya para él el nombre no es sólo una referencia en labios de los mayores. Comienza a identificar Su imagen, a oír Su voz en sus discursos, a escuchar anécdotas de los privilegiados que lo han visto personalmente (en su pueblo viven varios combatientes de Girón). Más tarde, en la escuela, comienza a entender la relación del Hombre y la Historia. Pide y encuentra explicaciones. Bebe de sus primeros libros.
Ya se acerca el cortejo. El silencio es total. Respetuosamente , no se agitan las banderas ni se gritan consignas. Las cabezas descubiertas, los pechos henchidos en la mezcla de emociones de agradecimiento, dolor y coraje, las manos sujetando una bandera. Pasan los primeros vehículos, el jeep con los generales y detrás, el armón con la caja de cedro cubierta con la bandera. Sencillamente, un nombre: Fidel Castro Ruz. Seguimos el cortejo con la vista hasta que se pierde.
El niño se hace joven. Ya conoce lo suficiente para saber de la grandeza del Hombre, del nombre que repiten plazas y naranjales, aquí y allá, también en Jagüey, donde está becado. Un día, se entera que se ha cosechado un millón de quintales de cítricos y, como les ha sido habitual a sus compatriotas, lo mismo ante cada desafío, del enemigo o de la naturaleza, ante cada hazaña, ante cada conmemoración, ahí está Fidel. Y va, como todos sus condiscípulos, al acto en la Vilo Acuña. Lo ve de muy cerca y reafirma, para siempre, su fidelidad.
Se había anunciado que tendríamos la oportunidad de presenciar la caravana de regreso de Cárdenas. Todos queremos volver a verlo. Algunos, para precisar detalles no clarificados la primera vez. Es un momento para grabar en lo más íntimo con la mayor precisión, para poder recordarlo después, con todos sus pormenores. Poder decir, contar: ¡Yo estuve allí! Ante la demora, surgen los comentarios. No se ve el helicóptero. Al fin, anuncian que regresa el cortejo. Poco a poco, nos volvemos a alinear al borde de la carretera.
El joven es ya adulto. Se gradúa de profesional. Conoce de ejército y de movilizaciones, de cortes y siembra de caña, de papa y de nuevo, de naranjas. Por doquier acrisola la obra del Hombre. No solo conoce la historia, en su pequeño espacio participativo, la vive. Conoce de Angola y de Etiopía, se enorgullece de su tiempo y de la participación de su generación, que sigue con firmeza las huellas de sus mayores. Acrecienta su admiración, respeto y comprometimient o con la obra mayor del Hombre. La Revolución. Recibe emocionado un carnet con Su firma. Llega el Periodo Especial y Baraguá revive en Si se puede. La Batalla de Ideas y Elián. El retorno del Ché y su siembra final en Santa Clara. Las Marchas Combatientes y Los Cinco. Una de las Tribunas Abiertas coincide con un aniversario de Girón. Allá en el Central Australia lo ve y escucha, a solo unos metros. Es la tercera vez que lo ve en persona. El Hombre, al frente de cada combate. Cada vez más universal. Cada vez más preocupado por el futuro de la Humanidad. Una luz entre las tinieblas que crece y crece. Chávez, Petrocaribe y el Alba. La unidad latinoamericana , al fin. Un primer contratiempo y Cagüairán muestra la firmeza de Su obra y de su pueblo. Después el Hombre entrega los cargos públicos, pero no la primera línea. Continúa su labor formadora, esta vez a través de la pluma. El adulto que fue joven y niño una vez devora con avidez cada Reflexión, sigue con apetencia cada aparición en la prensa o las referencias de quienes tienen la suerte de visitarlo. Se emociona hasta las lágrimas con su última comparecencia en el Congreso.
Nos pasa la caravana por delante. Se repite el silencio y las muestras de respeto. Se nos antoja que esta vez va más rápido. Nos cuesta pensar que todo termina. Se va perdiendo en el camino. Sin embargo, la imagen de la urna con su nombre permanece en la retina, aun después de que ya no se divisa siquiera el cortejo. La gente va rompiendo la alineación y se dirige hacia los ómnibus apartados en un entronque lateral.
El ómnibus atraviesa la ciudad de Cárdenas. Como en todo el país en estos luctuosos días, impera el silencio. Pasan algunos jóvenes y otros no tan jóvenes, apenas hablan, sobrecogidos por el impacto y la solemnidad del tributo en que han participado momentos antes. En una esquina juegan niños. Vuelvo a retroceder mentalmente medio siglo atrás y me veo con ellos, jugando. No, no es juego. Repiten entre ellos algo que han recién gritado y que quizás apenas aquilatan en todo su significado: - ¡Yo soy Fidel!, ¡Yo soy Fidel!, ¡Yo soy Fidel!
30 de noviembre del 2016.
 

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