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Sábado, 11 Mayo 2013 06:30

Miami: Los feos de la democracia

Escrito por  Nicanor León Cotayo
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El ex congresista republicano David Rivera El ex congresista republicano David Rivera

Al darse a conocer una grabación hecha al excongresista republicano David Rivera, vuelve a salir a flote el corrupto ambiente político que chapotea en Miami.


Al darse a conocer una grabación hecha al excongresista republicano David Rivera, vuelve a salir a flote el corrupto ambiente político que chapotea en Miami.

Sucedió este viernes, cuando se informó que la hizo su excolaboradora Ana Alliegro, desaparecida luego de un nuevo escándalo electoral.

Ese nuevo enredo giró alrededor de los comicios primarios de agosto último, suceso en el que David Rivera, todavía congresista, inventó un opositor a su rival demócrata, Joe García, con vistas a desgastarlo.

La persona alquilada para esa misión fue Justin Lamar Sternad, el cual en febrero pasado reconoció haber recibido 81 486 dólares, procedentes de sus contratistas.

A pesar de todo, David Rivera negó enfáticamente haber cometido algún delito. Sin embargo, ahora su excolaboradora Ana Alliegro dice haberle grabado secretamente una conversación que lo inculpa.

La avaló este viernes El Nuevo Herald, cuando señaló que el año pasado Ana había hecho una grabación en el carro de Rivera, que «llamaba en broma el gangstermóvil».

El nuevo capítulo vuelve a sacar a flote los escándalos políticos que estallan en Miami, no ajenos al grupo de origen cubano que comanda Ileana Ros-Lehtinen.

Por ejemplo, en febrero de 2010 se inició la caída de uno de sus más cercanos hombres, Lincoln Díaz-Balart, quien anunció que se alejaba de la política y volvía a la vida privada.

Después se reveló el motivo: la algarabía que provocó su exigencia a una empresa abastecedora del Pentágono, la Mark Two Engineering, situada en Hialeah, de que contratara a su esposa Cristina con un sueldo anual de 200 000 dólares.

La historia del intento de chantaje de Lincoln fue narrada por Miguel Otero, ayudante de su hermano Mario, también congresista, y la renuncia fue inevitable.

Siguió el caso del senador republicano Marco Rubio, un hombre del neonazi Tea Party que durante años divulgó su condición de hijo de heroicos padres víctimas en Cuba de la «persecución castrista».

Pero The Washington Post investigó esa procedencia y reveló a principios de 2012 que Rubio había mentido, pues sus padres salieron de Cuba dos años antes del triunfo de la Revolución.

A lo que dijo el Post se unió una recomendación de The Wall Street Journal, en el sentido de que sacara a flote cualquier asunto no claro para evitar otro escándalo.

El Journal hizo alusión de esa manera a las acusaciones que le formularon en Miami luego de utilizar en varias oportunidades una tarjeta de crédito del Partido Republicano para saldar gastos personales.

No obstante los ejemplos que resumen las entrañas de Lincoln y de David Rivera, como parte del tipo de criaturas que han rodeado a Ileana Ros-Lehtinen, la mejor muestra es ofrecida por ella misma.

Cuando en 2011 el antiterrorista cubano René González salió de la cárcel después de cumplir la condena que le impusieron sin pruebas, debía estar en Miami por tres años bajo libertad supervisada.

The Miami Herald afirmó en octubre de aquel año que Ileana lo consideraba «un enemigo de América» (Estados Unidos), «con sangre americana en sus manos». Clara invitación para matarlo.

En marzo de 2006, durante una entrevista que concedió en su oficina de la Cámara de Representantes, ella manifestó: «Apruebo la posibilidad de ver a alguien asesinar a Fidel Castro».

Agregó: «Hace años que digo esto y no me arrepiento de mis palabras». Al hablar de esta manera, Ileana Ros-Lehtinen era vicepresidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

No sorprende que un gángster, como llamaba Ana Alliegro a su jefe David Rivera, durante años haya ocupado un escaño en el Congreso de Estados Unidos, mientras atacaba ferozmente a Cuba.

Como tampoco que un mentiroso descubierto por The Washington Post, como Marco Rubio, integre el Senado, ya que ellos son entre otros la cara más fea de la quebrada democracia estadounidense.

 
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Cada vez más arrinconado por la caravana de hechos ilegales que atraviesa su historial de congresista estadounidense, ahora intenta escabullirse de otro sonado escándalo.

Otra bribonada le fue descubierta al legislador estadounidense David Rivera, quien ya exhibe un chorro de fechorías mientras sin dificultades ocupa un escaño en la Cámara de Representantes.

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