Poca gente se decide a hablar públicamente de sus derrotas cotidianas. Ese parece ser el presupuesto sobre el que se sostiene la más reciente puesta de Teatro Pálpito, los fines de semana en la capitalina sala Raquel Revuelta.
Con dramaturgia y dirección de Roberto Silva, el espectáculo vincula elementos de teatro, danza, performance y audiovisual… en un singular ensayo sobre algunas de nuestras más acuciantes circunstancias.
No se trata de explicitar un discurso, sino de construir metáforas sugerentes a partir de elementos reconocibles de un contexto.
Las derrotas «repasa» los siete pecados capitales, ubicando cada uno en determinado día de la semana. Ese es el «pie forzado». A partir de ahí, se despliega una visualidad muy interesante, en la que confluyen la coreografía, los diseños de vestuario y de luces.
Entre cuadro y cuadro se insertan monólogos escritos por Alberto Rodríguez Tosca, que tensan dilemas rutinarios con una decidida vocación poética.
No faltan peripecias ni momentos climáticos, no hay puntos muertos.
De acuerdo, para algunos espectadores Las derrotas resultará demasiado ardua y experimental, pero no se trata de encontrar moralejas diáfanas. No es «entender», es «sentir».



Comentarios