ACN FOTO/Omara GARCÍA MEDEROS
La fila es larga, silenciosa, solemne, pero tiene un rostro único: el rostro del dolor.
De quienes pasan frente a la imagen del guerrillero con su mochila a la espalda y el mundo en la frente, algunos llevan fija la mirada, como perdida, los ojos vueltos más allá de este instante; otros, sí que miran desde una humedad indetenible que les rueda por las mejillas.
Pasan ancianos, niños, mujeres, jóvenes, hombres con las mandíbulas apretadas por el absurdo aquel de que los hombres no lloran. Pero sí que lo hacen, como aquel que no puede ponerle riendas a los lagrimones que van mojándole la incipiente barba.
Hay quien pasa y le hace un saludo militar, quien se persigna, quien le lanza un beso casi imperceptible con la mano…
Y hubo una señora que traía una florecita, una mínima florecita blanca que pretendió dejarle, pero no lo permitieron.
Ella no insistió, no se vio contrariada. Solo se le escuchó musitar para sí, como una oración:
“Está bien, me la llevo, si de todas formas él se va conmigo, él está conmigo, no aquí”.












Comentarios
Hasta la naturaleza lloraba, el sábado amaneció, el llanto la acompañó;
El hijo de Cuba no ha muerto, en cada trinchera se alzó;
Cada cubano lo admira por todo lo que nos enseñó;
El dolor nos hace fuerte y de roble nos forjó;
No hay nadie que nos quite la enseñanza que nos dio;
El hijo de Cuba no ha muerto, el espíritu se levantó;
Con más fuerzas que nunca la Bandera Cubana se Ondeó;
No hay nadie que nos quite la libertad que nos dio;
El hijo de Cuba no ha muerto, en el pueblo se quedó.
“VIVA FIDEL”, HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.
Fidel es Fidel y siempre lo será.