sábado, 23 junio 2018, 04:03
Lunes, 19 Febrero 2018 07:08

Acercamiento coreano: A la tercera… ¿irá la vencida?

Escrito por  Arnaldo Musa
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Kim Yo-jong, hermana de Kim Jong-un, estrecha la mano del presidente de Corea del Sur Moon Jae-in. (AP). Kim Yo-jong, hermana de Kim Jong-un, estrecha la mano del presidente de Corea del Sur Moon Jae-in. (AP).

Una excelente oportunidad se abre ahora al acercamiento y comienzo oficial de la reconciliación entre dos repúblicas de una misma nación.



Aunque en el momento de redactar estas líneas aún no se había concertado el posible encuentro de los líderes del Norte y Sur de Corea en Pyongyang, sin dudas es excelente la oportunidad que se abre ahora al acercamiento y comienzo oficial de la reconciliación entre dos repúblicas de una misma nación.


Solo el ansiado encuentro se frustraría por una desagradable injerencia de los pájaros de mal agüero del Pentágono –esos que llaman halcones- y el ego de Donald Trump, presidente de la nación más poderosa del mundo, inmerso en continuados ataques personales al Norte coreano y a su líder  Kim Jong-un.

Kim quiere que la reunión se lleve a efecto lo más pronto posible, aunque, según dijo en una carta escrita a mano a su par seulita, cuando Moon Jae-in lo considere conveniente.

Moon ya había indicado que de efectuarse el encuentro este debería estar bien preparado, y pienso que tiene en mente las dos anteriores cumbres coreanas,  en el 2000 y 2007, donde la República Popular Democrática de Corea estuvo representada por Kim Zong.il y el Sur por Kim Dae Jung y Roh Moo Hyun, respectivamente.

Soez, extremadamente molesto, Trump dijo sin pensarlo que la invitación de Kim se debía a los efectos de las sanciones que Estados Unidos ha hecho aprobar en diversas instancias, bajo el pretexto de combatir la política nuclear norcoreana.

Pero la realidad demuestra que 25 años de continuadas sanciones, bloqueos de toda índole, incluso militar, y amenazas de invasión no han podido hacer retroceder los planes de Pyongyang de mantener su programa nuclear, pacífico y de disuasión, alega, al mismo tiempo, a cambio de que se respete la soberanía de la RPDC, para lo que se requiere un cambio de la agresiva política de Washington, cuestión que se mantiene inalterable hasta ahora.

Paradójicamente, Trump no ha podido doblegar del todo al Presidente de Corea del Sur, conocido desde mucho antes por su política de distensión y de acercamiento entre ambas Coreas. Al contrario del mandatario estadounidense, Moon destaca que hay que hacer todo lo necesario para promover la necesaria paz y una política que lleve a la desnuclearización de la península, sentir que respalda mayoritariamente la población surcoreana.

Posiblemente, la inmensa mayoría de los lectores conocen que la participación de atletas norcoreanos junto a los del sur en los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 en Peongchang fue el punto vital para empezar a acortar la distancia que separa a ambas partes, revelador de la necesidad de cambio y evitar una guerra que conllevaría la destrucción de la península, zonas aledañas y quizás del mundo, porque no se sabría a ciencia cierta cómo detenerla.

Por lo pronto, Moon consiguió la suspensión de los ejercicios militares con Estados Unidos, en tanto Kim cesaba los lanzamientos de misiles.

En su discurso de Año Nuevo, Kim ya había indicado la posibilidad de que los atletas norcoreanos participaran en los Juegos, cuestión rápidamente aceptada por Moon y el Comité Olímpico Internacional,  que informó que ambas partes competirían bajo una bandera de unidad nacional.

El Norte había abierto un canal de comunicación directa con Corea del Sur de cara a los Juegos; días más tarde, las dos Coreas acordaron desfilar juntas; y el viernes 9 de febrero, durante la ceremonia de inauguración, se dio el gran momento: la hermana de Kim Jong Un, líder norcoreano, y Moon Jae-in, presidente de Corea del Sur, se dieron la mano.

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