domingo, 21 julio 2019, 07:55
Jueves, 20 Diciembre 2018 06:40

LA HABANA 500: Un monumento para Julián del Casal

Escrito por  Yuris Nórido/ CubaSí
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Apenas vivió 30 años… pero tejió uno de los cuerpos poéticos más interesantes de la poesía modernista en Iberoamérica.

Ha sido uno de los personajes más singulares nacidos en esta ciudad; poeta inspiradísimo, talentoso redactor en los periódicos y entusiasta colaborador de revistas culturales, apenas vivió 30 años… pero tejió uno de los cuerpos poéticos más interesantes de la poesía modernista en Iberoamérica.

En una ciudad con tantos homenajes en piedra y bronce (desde los grandes héroes de la Independencia hasta personajes del acervo popular) llama la atención que Julián del Casal no tenga un monumento a su altura.


Poeta y periodista, es uno de los puntales de la cultura literaria de la nación y uno de los personajes más singulares de esta ciudad, en la que nació hizo hace poco 155 años, y en la que también murió, hace 120.


Su obra poética lo ubica entre los grandes modernistas, pero también habría que considerar su extraordinaria carpeta de textos periodísticos, prodigados en sueltos, diarios y revistas. Fue cronista por excelencia de una sociedad pletórica de contradicciones, que él retrató con la gracia florida de su pluma… que también podía ser muy incisiva.


Ojalá que los estudiantes de periodismo se acercaran a esa obra; quizás se extrañen ante tanto arabesco del estilo, pero si persisten, encontrarán referentes deliciosos y contundentes: buena prensa, vocación de trascender.


Algunos le critican que vislumbrara tierras idílicas, soñadas en frenesí romántico. Pero él era servidor de su talento, de su sensibilidad, de sus énfasis. Julián del Casal (y así lo asumieron muchos de sus contemporáneos) fue un escritor raigal, esencialmente sincero… por más que de cuando en cuando “reescribiera” sus circunstancias.


Escribió mucho de los míticos imperios orientales, añoró el París de los artistas (intentó ir, pero no pudo llegar); pero era un poeta muy cubano.


Después de un azaroso viaje a Europa, regresó a su ciudad natal y animó muchas tertulias literarias. Escribió mucho, sobre diversos tópicos. Y vivió intensamente, a veces con estudiada teatralidad.


Su muerte, de hecho, parece cosa de literatura. Por un ataque de risa, provocado por el chiste de uno de los asistentes a una cena en la que tomaba parte, sufrió una hemorragia que precipitó su fin.


Que un poeta tan dado a la melancolía haya muerto así, parece una jugarreta del destino. Lo cierto es que dejó trunca una estela gloriosa para la lírica cubana y continental.


Sus poemas, no podía ser de otro modo, forman parte de los planes de estudio de la literatura cubana desde los primeros años de enseñanza; su creación es objeto de análisis permanente por investigadores, críticos y ensayistas; concursos literarios y otras convocatorias culturales le rinden tributo… pero la ciudad no lo ha honrado en toda su dimensión.


Ojalá que más temprano que tarde su figura quede inmortalizada en alguna escultura: si algún artista se animara… El poeta merece algo más que la triste tarja en el Paseo del Prado entre Ánimas y Virtudes.


Podría ser, quizás, un homenaje doble: a Julián y a su poeta admirado, su amigo Rubén Darío. Imaginemos a estos dos caminando por alguna de las calles de la ciudad vieja, conversando sobre la poesía y el amor.


Se conocieron en La Habana y en La Habana entablaron una amistad que bien merecería una novela.


O quizás el lugar ideal sería cerca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, que tantas veces visitara cuando era el Teatro Tacón.


Julián del Casal, con un ejemplar de La Habana Elegante en la mano, listo para asistir a una función de gala.


Es una de las visiones entrañables de una ciudad de poetas. Ciudad poesía.

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TRES POEMAS DE JULIÁN DEL CASAL… ESCOGIDOS AL AZAR


PAISAJE DE VERANO


Polvo y moscas. Atmósfera plomiza
Donde retumba el tabletear del trueno
Y, como cisnes entre inmundo cieno,
Nubes blancas en cielo de ceniza.


El mar sus ondas glaucas paraliza,
Y el relámpago, encima de su seno,
Del horizonte en el confín sereno
Traza su rauda exhalación rojiza.


El árbol soñoliento cabecea,
Honda calma se cierne largo instante,
Hienden el aire rápidas gaviotas,


El rayo en el espacio centellea,
Y sobre el dorso de la tierra humeante
Baja la lluvia en crepitantes gotas.


JUANA BORRERO


Tez de ámbar, labios rojos,
Pupilas de terciopelo
Que más que el azul del cielo
Ven del mundo los abrojos.


Cabellera azabachada
Que, en ligera ondulación,
Como velo de crespón
Cubre su frente tostada.


Ceño que a veces arruga,
Abriendo en sus alma una herida,
La realidad de la vida
O de una ilusión la fuga.


Mejillas suaves de raso
En que la vida fundiera
La palidez de la cera,
La púrpura del ocaso.


¿Su boca? Rojo clavel
Quemado por el estío,
Mas donde vierte el hastío
Gotas amargas de hiel.


Seno en que el dolor habita
De una ilusión engañosa,
Como negra mariposa
En fragante margarita.


Manos que para el laurel
Que a alcanzar su genio aspira,
Ora recorren la lira,
Ora mueven el pincel.


¡Doce años! Mas sus facciones
Veló ya de honda amargura
La tristeza prematura
De los grandes corazones.


A MI MADRE


No fuiste una mujer, sino una santa
Que murió de dar vida a un desdichado,
Pues salí de tu seno delicado
Como sale una espina de una planta.


Hoy que tu dulce imagen se levanta
Del fondo de mi lóbrego pasado,
El llanto está a mis ojos asomado,
Los sollozos comprimen mi garganta


Y aunque yazgas trocada en polvo yerto,
Sin ofrecerme bienhechor arrimo,
Como quiera que estés siempre te adoro,


Porque me dice el corazón que has muerto
Por no oírme gemir, como ahora gimo,
Por no verme llorar, como ahora lloro.

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CRONOLOGÍA ESENCIAL


1863. Noviembre 7: Nace en La Habana Julián del Casal y de la Lastra. Son sus padres Julián del Casal y Ugareda, natural de Vizcaya, y María del Carmen de la Lastra y Owens, natural de Artemisa, Pinar del Río.

1868. Muere su madre, María del Carmen de la Lastra.

1873. Casal ingresa en el Real Colegio de Belén.

1877. Funda, en el colegio de Belén, un periódico titulado El Estudiante, periódico clandestino y manuscrito.

1879. Obtiene el título de Bachiller.

1881. Aparece el primer poema de Casal en El Ensayo, semanario de ciencia, arte y literatura. Es en el número correspondiente a febrero 13. Es la primera colaboración conocida de Casal en un órgano de prensa.

Trabaja como escribiente en el Ministerio de Hacienda. Se matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Abandona los estudios poco tiempo después.

1885. Febrero 9: Fallece su padre, Julián del Casal y Ugareda. Empieza su colaboración en La Habana Elegante en el número correspondiente al 19 de abril. Se trata del poema «Nocturno» aparecido después en Hojas al viento. Nicolás Azcárate le presenta a Ramón Meza, en cuya biblioteca se reúne con Enrique Hernández Miyares, Manuel de la Cruz y Aurelio Mitjáns. Asiste a las tertulias de José Ma. Céspedes.

1886. Empieza su colaboración en El Fígaro, que tiene carácter irregular.

1888. Marzo 25: Comienza a publicar en La Habana Elegante los artículos sobre «La sociedad de La Habana», bajo el seudónimo de Conde de Camors.

Noviembre: Casal parte rumbo a Madrid. Allí hace amistad con Salvador Rueda y con Francisco A. de Icaza.

1889. Regresa a Cuba. Acude a las tertulias de la Galería Literaria.

1890. Publica su primer libro de poemas: Hojas al viento. Colabora en La Discusión, en El País y en La Caricatura. Firma con los seudónimos de Hernani y Alceste. Conoce a Juana Borrero.

Comienza su colaboración en La Habana Literaria.

1891. Publica su segundo libro: Nieve. Colabora en El Hogar. Llega Rubén Darío a La Habana y hace amistad con Casal. Aparece en La Caricatura, gracias a Casal, el poema de Darío «La negra Dominga». Ese mismo año, Darío le dedica «El clavicordio de la abuela». Verlaine escribe a Hernández Miyares elogiando los poemas de Casal.

1893. Enero 15: Publica en La Habana Elegante su artículo sobre Rubén Darío.

Octubre 7: Escribe a Rubén Darío una carta en la que presiente su muerte.

Octubre 21: En horas de la tarde acude a la redacción de La Habana Elegante. Escribe un suelto que titula «Mi libro de Cuba» y que trata del texto de Lola Rodríguez de Tió. Corrige parte de las pruebas de su libro Bustos y rimas.

Acude a cenar a casa del Dr. Lucas de los Santos Lamadrid en Prado 111. De sobremesa, cuando uno de los presentes hace un chiste, Casal lanza una carcajada; le sobreviene una hemorragia y muere de la rotura de un aneurisma.

Fuente: Cubaliteraria

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