domingo, 13 octubre 2019, 17:31
Jueves, 24 Enero 2019 21:34

Las Plañideras de Fabelo Hung

Escrito por  Jorge Rivas Rodríguez/ para CubaSí

Cuando los espectadores entraron a la galería-taller Gorría, en La Habana Vieja, donde se había anunciado la primera muestra personal del joven creador Roberto Fabelo Hung (La Habana, 1991), “promovida” bajo el extraño título de Problemas de causalidad en renglones no singulares, energéticamente realistas del espacio-tiempo, mostraron incertidumbre al encontrar allí a unas 60 personas —mujeres y hombres, niños y ancianos— contratadas (la mayoría actores profesionales), que se movían por el espacio a vivo llanto, algunas de ellas con jadeos y hasta impulsos histéricos, para trasmitir diferentes maneras de expresar dolor y sufrimiento.

Algunos, ante tan insólita visión, motivados por memorias íntimas, se unían al coro de “llorones”; otros, por reacciones psicológicas, respondían con impulsos de risa. Turbados preguntaban: “¿Quién murió? ¿A quién se vela? ¿Por qué tanto sufrimiento?”.


Se trata de la exhibición del proyecto Plañideras, de Fabelo Hung, con elcual hizo reflexionar al público con un espectacular performance que sienta sus bases en el devenir histórico-social y cultural de la humanidad, recogido en memorables pasajes de textos tan célebres como La Ilíada, de Homero; La Epopeya de Gilgamesh, (de finales del año 2000 a.C.); y en registros del Antiguo Egipto, tal puede apreciarse en el mural del sepulcro de Ramose —visir de Amenhotep III— en Tebas (comienzos del siglo XIV a.n.e.), al cual la historiografía le otorgó el nombre de Plañideras.

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El acto de llorar pasó a convertirse, con aquella denominación, en una suerte de negocio identificado en las diferentes culturas de todas las sociedades, con sus particularidades propias. “Pero en todas se perciben rasgos inquebrantables: el contrato de mujeres —aunque en contadas ocasiones también eran hombres— para que llorasen por un difunto de cierto rango social, encargadas de dejar constancia pública del duelo de los familiares”, explica el artífice en las palabras del catálogo.


Las plañideras “confortaban a quienes vivían el dolor que la muerte les dejaba, quienes se sentían apoyados y acompañados”. La costumbre llegó al Nuevo Continente donde se desarrolló a partir del siglo XVII volviéndose una actividad donde el precio, así como estatus del difunto, se elevaba dependiendo del número de mujeres contratadas y la intensidad del llanto. Actualmente, con menor impronta, se sigue ejerciendo ese oficio en algunas comunidades rurales del Caribe, “tradición que resulta ajena y exótica a la idiosincrasia cubana”.


La obra, encauzada por la expresividad que le posibilita el performance (una hora de duración aproximadamente), tiene la finalidad, según el joven Fabelo Hung, de “retomar aquellos personajes de la historia que se mantienen por lo general al margen de los grandes relatos… De ellos se quiere tomar el matiz dramático que le confieren a la muerte a partir de sus múltiples y apasionadas acciones: gritos, rezos, sollozos… La muerte, es un tema universal, sensible a cualquier interpretación humana ...”.


La risa es antagónica del llanto. La vida es como un círculo en espiral que se mueve y evoluciona mediante la risa (alegría) y el llanto (la pena). Ningún otro animal puede producir lágrimas en reacción a estados emotivos. Se ha comprobado que los hombres lloran una vez cada mes, y las mujeres al menos cinco veces en igual periodo de tiempo. Sin embargo, clichés machistas tienden a señalar al sollozo como una expresión atribuible a las mujeres. Algunos padres requieren a sus pequeños hijos varones señalándoles que tal acto es de “mariquitas” y tratan de inhibir una reacción tan necesaria como natural, cuya función y efecto, desde que vinimos al mundo —es la primera señal de vida— y hasta el fin de nuestros días, es psicofisiológicamente normal.

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Plañideras exhortó a sus semejantes a disponer de espacio y tiempo para llorar, esa capacidad que posee el ser humano desde que nace hasta que muere y sobre la que muchas veces se esgrimen disimiles de argumentos para evitarla.


La puesta en escena sentó pautas dentro del concepto artístico, social y humanístico del performance. Asimismo, propició observar diversidad de expresiones con evidente plasticidad en los rostros de los protagonistas del espectáculo, muchas de las cuales fueron captadas por los lentes de celulares, cámaras fotográficas y de videos de los cerca de 200 espectadores que colmaron la galería.


En su primera exposición personal luego de separarse del grupo de creación Stainles, Fabelo Hung, precisó que su proyecto no tiene la intención de “esgrimir un discurso político; sino que partiendo del carácter polisémico que presenta toda obra artística, lanzar provocaciones que inciten a la reflexión sobre el arte en sí mismo, sus circuitos, sus discursos, sus propios derroteros.


“Me interesa recalcar —agregó— la evidente exteriorización del sentido de espectáculo, no solo otorgado por la naturaleza propia de la manifestación —performance— sino también a partir de la ancestral concepción en torno a las plañideras como oficio. La contratación, por ejemplo, resalta la latente dicotomía entre realidad y simulación”.

Modificado por última vez en Miércoles, 27 Febrero 2019 09:52

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