miércoles, 19 junio 2019, 14:22
Sábado, 13 Abril 2019 05:07

Fidel vive y vivirá para siempre (+ VIDEO)

Escrito por  Dayán González Ramírez / Especial para CubaSí
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Fidel vive y vivirá para siempre (+ VIDEO) Foto: Tribuna de La Habana

El fotorreportero del diario Granma Juvenal Balán cuenta sus experiencias y lo que representó dar cobertura periodística a las actividades del líder de la Revolución cubana.


El fotorreportero del diario Granma Juvenal Balán, quien cubrió disímiles actividades en las que participó el Comandante en Jefe, cuenta sus experiencias y lo que representó dar cobertura periodística a las actividades del líder de la Revolución cubana.

¿Cuándo ocurre su primer encuentro con Fidel siendo usted un profesional de la prensa?

Fue siendo corresponsal del periódico del ejército. En una reedición de la Caravana de la Libertad me dieron la tarea de hacer el recorrido desde las inmediaciones de la entonces provincia de La Habana con Matanzas para darle cobertura y cuando llegamos al Museo de la Revolución, fue sorpresa para todos los caravanistas: Fidel estaba esperando para compartir con los pioneros.

Siendo fotoperiodista del periódico Granma cubrió muchas noticias vinculadas al Comandante en Jefe. ¿Cómo llega usted a este diario?

Al llegar el período especial, los periódicos de las FAR fueron los primeros que cerraron, entonces a mí me reubicaron en el diario Granma. Cuando me incorporé, pude trabajar con maestros de la fotografía que, junto a la dinámica de trabajo, me enseñaron que en un escenario donde estuviera Fidel siempre había noticias, que había que irse cuando Fidel se fuera y que había que hacer todo lo posible por una buena fotografía. Yo llegué a Granma el 3 de octubre de 1990, ese día cumplía aniversario el periódico y se celebró un acto. Antes de comenzar la conmemoración, Susana Lee, la jefa de Redacción en aquel entonces, me pregunta que si yo llevaba mis equipos, y cuando le respondí que sí, me dijo: prepárate para que vayas al Consejo de Estado, que Chomy te está esperando. Y debo decir que mi primer trabajo en Granma fue graficar una actividad del Comandante en Jefe. Al concluir el acto, Fidel se puso a conversar con nosotros sobre disímiles temas, porque él era impredecible y conversaba de cualquier tema. Uno cuando conversaba con el Comandante podía pasar rápidamente de la posición de entrevistador a entrevistado.



En el terreno nacional, Fidel lo mismo estaba en una escuela, que inaugurando un círculo infantil. Recuerdo que cuando en la capital comenzaron a inaugurarse una serie de círculos infantiles, nosotros los fotógrafos tuvimos una gran labor. Se crearon equipos para poder cubrirlo todo porque Fidel inauguraba un círculo y de ahí salía para otro y otro, y lo mismo pasaba con las escuelas. Recuerdo las madrugadas que tuvimos que cubrir las visitas de Fidel a las obras, que no solo eran para ver lo que estaba sucediendo: en ocasiones Fidel se ponía a trabajar con los obreros. Los recorridos de Fidel eran múltiples, pero cuando había un ciclón, siempre iba para el Instituto de Meteorología interrogando a Rubiera, que daba los partes, y los periodistas se nutrían de esa información. Ocasiones de estar en el Instituto de Meteorología y Fidel decir: vamos hasta Matanzas, porque el ciclón iba a entrar por esa provincia, y a esa hora de la noche salir Fidel por toda Vía Blanca, y los periodistas, en lo que pudieran, atrás de Fidel, y sin duda alguna, pasar el puente de Bacunayagua, de noche y con vientos fuertes, era un peligro. Pero es que donde estaba el peligro, la cosa más importante para el país, ahí estaba Fidel. No recuerdo con exactitud en qué huracán se hizo un recorrido por Matanzas, Jagüey Grande, Santa Clara, Cienfuegos, y a la salida de esta última ciudad, en la tarde noche, yo venía en un jeep siguiendo la caravana en la que Fidel había hecho aquel recorrido y que nosotros habíamos graficado, y en un punto de la Autopista Nacional paran los carros y me preguntan que si yo iba a seguir para La Habana, que era para donde iba Fidel porque tenía un encuentro con el Presidente de la República Popular de China, y a mí aquello me asombró, cómo él era capaz de cambiar de situaciones de huracanes, desastres en los que él estaba en primera línea bajo lluvia, viento... a un recibimiento protocolar. Y ese es el Fidel al que estaba acostumbrada mi generación: el que hablaba con el pueblo; iba aquí, allá, entraba en una casa; el que estaba siempre en la primera línea. Cuando los combates de Playa Girón, no hubo nadie que pudiera convencerlo de no estar allí, siempre en el borde delantero gestando la estrategia para la victoria.

En 1995 me seleccionaron para hacer mi primer viaje al exterior para cubrir un viaje de Fidel, fue a Uruguay y debo decir que la experiencia fue muy fuerte; se sintió el orgullo del pueblo de que Fidel estuviera ahí. El día en que al Comandante en Jefe le dieron la llave de la ciudad de Montevideo, la ceremonia fue en la alcaldía, y alrededor de ella los uruguayos se concentraron y dentro se sentía un murmullo que decía: Cuba, Cuba, Fidel, Fidel, y nosotros estábamos en un recinto casi hermético, así que pueden imaginarse la magnitud de la concentración. Pero hubo parte del personal que abrió algunas ventanas y aquel sonido se iba introduciendo cada vez con mayor fuerza, hasta el punto de que Fidel, cuando iba a empezar a hablar, preguntó qué era lo que sucedía, y hubo uno que le contestó: Comandante, ese es el pueblo uruguayo, que está aclamando por usted. Esto provocó que al concluir su discurso, rompiendo todo protocolo, se salió a un balcón a saludar a ese pueblo que parecía que estaba en la Plaza de la Revolución. Aquello estaba lleno de uruguayos gritando Viva Fidel, Viva Cuba, y el Comandante estaba súper emocionado. Después de Uruguay, vino Argentina; después, Colombia, y así comenzó mi cobertura a los viajes de Fidel. Incluso cubrí el último viaje de Fidel al exterior, que fue a Argentina, a una cumbre que se celebró en Córdoba y donde, además, visitó la casa natal del Che acompañado de Chávez. De igual manera, el pueblo de Córdoba lo recibió tremendamente.

¿Qué representaba trabajar con el Comandante en Jefe?

Trabajar con Fidel era un reto. Por mucho que uno trabajara en coberturas con Fidel, siempre había trabajo, porque su accionar, los pasos de gigante, te imponían un gran ritmo de trabajo. Hasta los enemigos, cuando veían a Fidel, se convertían en una gelatina y querían retratarse con él, querían estar a su lado, y eso nos demuestra la magnitud de la personalidad del Comandante en Jefe. Esas circunstancias te obligaban a prepararte para poder llevarles a los lectores los hechos que acontecían protagonizados por el gigante; así es como lo nombrábamos debido a su obra, su personalidad, su proyección y su capacidad como estadista. Y él no solo era el gigante desde el punto de vista interno, sino también desde el punto de vista externo. También hay que tener en cuenta todo el equipo de seguridad. Un ejemplo: para tomar fotos de conversaciones oficiales solo teníamos tres minutos, y ahí había que buscar la mejor foto entre muchos reporteros sin entorpecer el trabajo de los demás. Ahora es más fácil, se toma la foto y se ve el resultado, pero en aquel momento era con rollo y había que tener mucho cuidado porque si lograbas una excelente foto, la podías arruinar en el proceso de revelado.

¿Cómo era el trato de Fidel con la prensa?

Fidel siempre buscó la prensa. Cuando menos uno lo imaginaba, él iba para donde estaba la prensa para conversar de los más diversos temas con miles de periodistas de todas partes del mundo que siempre estaban donde Fidel. Él, por lo general, iba hacia nosotros, y en ocasiones lo tenía tan cerca, que no le podía hacer una foto; simplemente tenía que bajar la cámara y esperar que él terminara. Pero él siempre ayudó mucho al gremio de la prensa dándole información, facilitándonos el trabajo.

Usted cubrió la caravana que trasladó los restos del Comandante en Jefe hasta el cementerio Santa Ifigenia. ¿Cómo fue el trayecto?

Yo había tenido como experiencia anterior la caravana que se organizó para trasladar los restos del Che Guevara hacia Santa Clara, aquella caravana nos conmovió mucho. A mí me tocó cubrir la llegada de los restos a Cuba y el acto que se realizó en la base aérea de San Antonio, y después hice el recorrido de la caravana. Nunca imaginé tener la responsabilidad de reportar el último recorrido de Fidel hacia la tierra donde se forjó, eso jamás pasó por mi mente. Cuando conocimos la noticia, nos embargó una tristeza tremenda. A pesar de que esa misión fue sumamente importante y de tremenda responsabilidad histórica, nunca hubiese querido cumplirla, pero había que hacerlo. Eso trajo por consecuencia que uno tenía la responsabilidad de reflejar en imágenes el sentimiento de todo un pueblo, porque la reacción de la población daba la dimensión de quién era la persona que iba pasando por ahí y cuánto lo valoraban las diferentes generaciones que lo vieron hacer la obra de la Revolución.

Para las coberturas con Fidel yo siempre tenía una escalera de aluminio de dos pasos, porque como siempre a su alrededor había moloteras de personas y periodistas, en ocasiones no tenía la posibilidad de tener una buena imagen, y ese instrumento me ayudó muchísimo, además de que brindaba otra perspectiva de la escena. La escalera yo la llevé en la caravana, debido a la experiencia que tenía del recorrido realizado con el Che. Como esta caravana era más larga, yo sabía que parado era imposible realizar todo el trayecto, y gracias a la escalera, que iba en el centro de la escatolina, pudimos trabajar muchas personas y reflejar los sucesos de una caravana que recorrió a la inversa el mismo trayecto que hizo Fidel de Santiago a La Habana en enero de 1959.

Debo decir que hubo momentos que, en lo personal, me marcaron mucho, me chocaron: la despedida en La Habana fue fuerte, fuerte, fuerte...; cuando entramos a Matanzas, que comienza en una loma y desciende hacia los ríos, esa avenida por la cual íbamos entrando a la ciudad, a medida que pasaba el cortejo, el pueblo se fundía, y hay imágenes que muestran al pueblo fundido detrás de ese cortejo que dan la dimensión del seguimiento del pueblo a Fidel. También fue fuerte la entrada a Camagüey porque llegamos en pleno aguacero, casi de noche, y ni una sola persona se movió de su lugar; a ambos lados de la calle, todo el mundo parado y con miles de celulares encendidos tratando de inmortalizar el paso de Fidel. Eran miles de bombillitos encendidos y es cuando uno se pregunta cómo es posible que debajo de un aguacero torrencial haya tantas personas. El otro momento que me estremeció fue Santiago; a mi entender, fue la cúspide de esa despedida. Yo sentí que, por haber trabajado tantas veces al lado de Fidel, cubrir esa caravana era un compromiso doble. Después de este hecho, sabemos que Fidel está presente, que está aquí. Fidel vive y vivirá para siempre.

Visto 398 veces Modificado por última vez en Jueves, 25 Abril 2019 14:53

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