jueves, 14 noviembre 2019, 06:00
Viernes, 26 Julio 2019 04:17

SEMBLANZA: El poeta de la Generación del Centenario

Escrito por  Víctor Joaquín Ortega / Especial para CubaSí
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Nos impulsa a mantener el espíritu de aquel acometimiento para lanzarnos sobre reductos de corrupción, egoísmo, cobardía, dogmatismo, flojedad, discriminación, perversidad, y contra quien quiera olvidar el antimperialismo. 

Cincela el alma para darla a los que más sufren: es su mejor poema. Raúl Gómez García (La Habana, 14-12-1928; Santiago de Cuba, 26-7-1953), desde muy joven, sitúa prosa y verso a batallar: no se ata al intimismo extremo, acopla ternura y acero para pelear por la libertad en un país y mejorar un mundo tormentoso. Esencial: la forja en la familia. Sabe que un hombre solo no puede hacer mucho: debe atraer, movilizar, a partir de la persuasión y el ejemplo. La palabra, para llevar el pensamiento a la acción.

Hijo de güineros, Virginia y Alfredo, mudados para la capital, la muerte temprana del padre obliga a retornar a la tierra del Mayabeque. Con 14 años, ingresa en el Instituto de esa región, y aquel muchacho, deportista y enamorado, va más allá del estadio, el tabloncillo y la pasión: denuncia por la radio local y el periódico El Estudiante las vilezas de aquel centro, encabezadas por un director despótico que vende las notas.

La expulsión cercana; su hermano César logra trasladarlo a tiempo para el Instituto habanero. Allí se gradúa de bachiller en el curso 1947-1948. Matricula Derecho en la Universidad, mientras, para ganarse el pan, es pintor de brocha gorda, mandadero, oficinista, hasta que obtiene un puesto de maestro sustituto en el Colegio Baldor. Crece el amor por esta profesión: cambia de carrera. Estudia solo dos años Pedagogía porque la Revolución lo absorbe.

Ortodoxo, ligado a lo más rebelde de la juventud de esa tendencia, convierte la indignación ante el golpe del 10 de marzo en el escrito «Revolución sin juventud». Ningún medio publica dicho artículo. El revés lo conduce a crear el periódico mimeografiado Son los mismos, en el que aparece aquel manifiesto y será espacio para seguir contendiendo contra la tiranía.

Cada cierto tiempo, 200 o 300 ejemplares de una prensa del pueblo, por el pueblo y desde el pueblo. Junto a él, en el empeño, Abel Santamaría, Jesús Montané y Melba Hernández. Por orientación de Fidel, la publicación adquiere un nombre nuevo: El acusador. Los esbirros detienen a los redactores. Ante el hecho, la poca hombría de míster Baldor actúa: expulsa a Raúl de ese centro.

Asalto al Moncada. Lee el líder a todos los participantes el manifiesto escrito por Gómez García que reafirma a Martí al lado de todos ellos. El poeta dice parte de su Ya estamos en combate. Hablarán las armas.

Destacado en la toma del hospital Saturnino Lora. Lo hieren. A pesar de ello, intenta ayudar a un soldado enemigo mordido por las balas. Se da cuenta de que el ataque ha fracasado al fallar la sorpresa. Escribe un mensaje para la madre: «Caí preso, tu hijo», y lo entrega a un empleado del centro. Apresado: torturas y golpes sobre él antes de asesinarlo. Lo colocan en la falsa lista de los caídos en combate. La lacónica misiva será denuncia.

¿Quién es capaz de afirmar que el periodista y el poeta de la Generación del Centenario ha muerto? El libro de Daily Sánchez Lemus sobre el mártir, galardonado en el certamen Julio de la Editora Política, demuestra la valía de los comentarios y artículos de este hombre que solo vivió 24 años. Su presencia va mucho más allá de celebrar en toda la nación el Día del Trabajador de la Cultura en la fecha del nacimiento, aunque es importante. Nos impulsa a mantener el espíritu de aquel acometimiento para lanzarnos sobre reductos de corrupción, egoísmo, cobardía, dogmatismo, flojedad, discriminación, perversidad, y contra quien quiera olvidar el antimperialismo.

Raúl Gómez García, seguimos en combate.

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