miércoles, 13 noviembre 2019, 18:42
Lunes, 12 Agosto 2019 05:41

Del mal, el peor: Guatemala: electo Alejandro Giammattei

Escrito por  Arnaldo Musa/Cubasí
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Alejandro Giammattei Alejandro Giammattei

Realmente, era una elección incierta. Pero pese a la abstención y a la compra de votos por la derecha, la más indicada para tratar de mejorar la vida del guatemalteco era la ex primera dama, quien es también empresaria, de origen rural y de clase trabajadora, Sandra Torres.



En medio de una abstención enorme –que favoreció a la reacción-, fraude, compra de votos y el ilegal traslado de electores de una zona a otra, sin que el Tribunal Supremo Electoral se diera por aludido, el candidato de extrema derecha del partido Vamos, y favorito del imperialismo, Alejandro Giammattei, arrebató la victoria a la centroderechista Sandra Torres, de la Unión Nacional de la Esperanza (UNE), en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebradas este domingo.

El candidato de la derecha más recalcitrante obtuvo el 58,89% de los votos, por 41,11% Torres, quien no felicitó al futuro mandatario. Más del 70% de los posibles votantes se abstuvo, revelando el desencanto de los guatemaltecos ante un proceso que significa más de lo mismo.

Giammattei sustituirá así al presdente Jimmy Morales, quien deja a Guatemala en medio de la desesperanza e incertidumbre.

El ganador tiene un programa relativamente endeble en lo social, e incluso apoya el tratado que Morales firmó con Estados Unidos para que soldados norteamericanos patrullen la zona fronteriza para evitar la migración.

Giammattei está en contra de la Comisión Internacional Contra la Impunidad, promueve políticas de mano dura contra la delincuencia, acaricia la idea de limpieza social y nada habla de las necesidades rurales.

Le favoreció tanto el voto del miedo de lo que un posible gobierno con tintes socialdemócratas pudiera generar, y el voto de odio hacia la figura de Sandra Torres.

En los últimos días diputados opositores denunciaron ante el Ministerio Público el uso político de cupones del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación para la compra de votos a favor de Giammattei.

Las prácticas del clientelismo son revelaciones usuales en las elecciones de Guatemala, desafortunadamente. Es una forma brutal, cruel, de utilizar los recursos del mermado Estado, porque, por ejemplo, de no recibir fertilizantes a tiempo, en subsidio, los campesinos se exponen a hambruna en la siguiente estación. Es jugar con la seguridad alimentaria y la vida de personas que viven bajo la línea de la pobreza.

A la tercera tampoco fue la vencida de Sandra, de 63 años, quien se había postulado con anterioridad en el 2011, pero fue inhabilitada por ser esposa en ese entonces del presidente Alvaro Colom; y en el 2015, cuando fue derrotada por el actual mandatario, Jimmy Morales.

La jornada se había desarrollado en un ambiente antecedido por manifestaciones antigubernamentales de estudiantes y campesinos, descontentos por la actual crisis económica y social.

Asimismo, se produjo una baja participación, debido a que muchos guatemaltecos no confiaban en ninguno de los dos postulantes, además de algunos disturbios en los que descontentos trataron de evitar la votación en algunos colegios electorales del departamento de San Marcos.

Las presiones ejercidas por la derecha, que incluye a la parte oficial, siempre han sido contra Torres, quien ha apostado por el desarrollo social, la defensa de la mujer, principalmente la indígena, y en el apoyo a la educación y la salud, durante el gobierno de Álvaro Colom

Realmente, era una elección incierta. Pero pese a la abstención y a la compra de votos por la derecha, la más indicada para tratar de mejorar la vida del guatemalteco era la ex primera dama, quien es también empresaria, de origen rural y de clase trabajadora, Sandra Torres.

Su mandato hubiera sido estable, con una pronosticada mayoría en el Congreso. Es una figura poderosa que despierta mucha controversia y rechazo capitalino, con vínculos más bien oscuros en las diputaciones y alcaldías de su partido y una posición no definida respecto de la continuidad de la Comisión Internacional Contra la Impunidad.

CONTINUIDAD

La futura asunción de Giammattei sería una continuidad, con diferencias solo aparentes, del actual presidente Jimmy Morales.

Morales se acerca al final de su mandato envuelto en escándalos y acusaciones por corrupción, y debió enfrentar tres antejuicios vinculados al financiamiento ilícito electoral. La salida de la Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG), que trabajaba en el país desde el 2007 fue una de las decisiones de Morales que agitó las aguas y provocó grandes manifestaciones.

El país que deja el presidente Morales tiene de los más altos niveles de violencia, desigualdad y pobreza en la región. Más de la mitad de la población, indígena, sufre de altos niveles de marginalización social y económica. Ha convertido a Guatemala en un país del cuál la gente quiere salir, aunque arriesgue la vida y atraviese un desierto para ello. ¿Su respuesta? Invitar a militares estadounidenses a patrullar la frontera guatemalteca.

Solamente en los primeros seis meses de este año, 235 000 guatemaltecos se fueron de Guatemala hacia el norte.

Aun cuando Giammattei afirmó que el acuerdo aceptado por Morales “no era tan grave”, lo cierto es que hace unos años Guatemala no pudo garantizar la seguridad alimentaria de 173 guatemaltecos repatriados de Bolivia. Menos podrá hacerlo con decenas de miles, acaso cientos de miles de personas asentadas en su territorio.

La Administración Trump tiene un profundo desprecio por los países del sur. A algunos de ellos los ha llamado “países de mierda” (sic). No le importa si el acuerdo migratorio aceptado por Jimmy Morales y que Giammattei aplaude, probablemente para garantizar su impunidad, convierte a Guatemala en un país más infernal de lo que ya lo es.

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